Última modificación el 19 febrero 2026 por Eduard Canela
El día que abrí un kit de emergencia y descubrí que llevaba años engañándome a mí mismo
Un responsable de PRL comparte lo que cambió después de que sus trabajadores fallaran un simulacro… a propósito.
Por Carlos M., Técnico Superior en PRL | Sector Químico Industrial
«Llevaba 12 años protegiendo a otros. Pero había un riesgo que no vi venir: el mío propio.»
Siempre me gustó mi trabajo en prevención de riesgos. Hay algo en saber que tu labor hace que la gente vuelva a casa sana cada día que te llena de una forma difícil de explicar.
Pero llegó un momento en que empecé a sentir miedo. Un miedo diferente al que conocía. Llevaba años conviviendo con productos químicos peligrosos y maquinaria pesada sin que me temblara el pulso. Esto era otra cosa: la sospecha de que todo lo que había construido durante años era, en realidad, un castillo de naipes.
Un martes cualquiera
Hacía la ronda habitual por la planta cuando decidí abrir uno de los kits de emergencia para vertidos. Solo para comprobar que todo estuviera en orden.
El kit estaba medio vacío. Faltaban absorbentes. Las barreras de contención no estaban bien almacenadas por lo que no servían. Y el inventario que debía estar actualizado llevaba 8 meses sin tocarse.
Respiré hondo. «Vale, es un fallo puntual», me dije.
Entonces pregunté a tres operarios dónde estaba el kit de emergencia más cercano a su zona de trabajo.
Ninguno supo decírmelo.
Uno de ellos llevaba 15 años en la empresa.
"Ya tenemos los kits. Ya hacemos las formaciones. ¿Qué más quieres?"
Esa fue la respuesta de mi jefe cuando le planteé el problema.
Y técnicamente tenía razón. Teníamos kits de absorción en todas las zonas. Contratábamos las formaciones del SPA cada año. Los trabajadores firmaban el papel de asistencia.
Todo estaba «en orden». Sobre el papel.
Pero yo sabía la verdad. Las formaciones del SPA eran PowerPoints de 200 diapositivas que aburrían hasta a las moscas. Los trabajadores miraban el móvil mientras el formador recitaba normativas. A las dos semanas, nadie recordaba nada. Y los kits… bueno, ya habéis visto cómo estaban los kits.
Material teníamos. Papeles firmados también. Lo que nos faltaba era gente que supiera actuar cuando las cosas se tuercen.
La normativa que nadie quiere leer pero que te puede arruinar
Esa noche, mientras intentaba dormir, me puse a revisar normativa. Quería asegurarme de que al menos estábamos «cubiertos» legalmente.
El Artículo 316 del Código Penal fue el primer golpe:
«Los que con infracción de las normas de prevención de riesgos laborales y estando legalmente obligados, no faciliten los medios necesarios para que los trabajadores desempeñen su actividad con las medidas de seguridad e higiene adecuadas, de forma que pongan así en peligro grave su vida, salud o integridad física, serán castigados con las penas de prisión de seis meses a tres años.»
Leí «prisión» y se me secó la boca.
Seguí investigando. La Ley 26/2007 de Responsabilidad Medioambiental. Las sanciones de SEPRONA. Los expedientes de las Confederaciones Hidrográficas. Las cifras eran brutales: sanción mínima por infracción grave en PRL, 2.451€. Sanción muy grave, hasta 983.736€. Vertido mal comunicado a las autoridades, entre 60.000€ y 75.000€. Daño medioambiental grave, hasta 2.000.000€. Responsabilidad por remediación de suelos, sin límite.
Y luego estaba el dato que me dejó clavado en la silla: el 78% de las empresas industriales tienen kits de emergencia incompletos o mal mantenidos.
Yo formaba parte de ese 78%.
El vertido de mi colega
Tres semanas después recibí una llamada de un colega que trabajaba en una planta química a 40 kilómetros de la nuestra.
Habían tenido un vertido. 200 litros de ácido clorhídrico.
El vertido en sí no fue el problema. Fueron capaces de contenerlo. El problema fue lo que pasó durante los primeros 5 minutos.
El operario que detectó el vertido entró en pánico. En lugar de contener primero y absorber después, fue directo a echar sepiolita. El ácido se expandió hacia los desagües pluviales antes de que pudieran reaccionar.
Intervención de SEPRONA. Expediente de la Confederación Hidrográfica. Sanción de 75.000€. Y lo peor: dos trabajadores con quemaduras leves porque nadie les había enseñado que con ácido clorhídrico hay que alejarse primero y evaluar la escena.
Mi colega me dijo algo que se me quedó grabado:
«Teníamos los mejores kits del mercado. Pero de qué coño sirve tener el mejor material si cuando pasa algo la gente no sabe ni por dónde empezar.»
Esa noche decidí que iba a encontrar una formación que funcionara de verdad.
Lo que probé durante los siguientes meses
Reforcé las formaciones del SPA. Les pedí que dedicaran más tiempo al tema de vertidos. Resultado: el mismo PowerPoint de siempre, pero más largo. Los trabajadores seguían mirando el móvil.
Creé mis propios materiales. Diseñé carteles, fichas rápidas, recordatorios por email. Los carteles acabaron tapados por otros avisos. Los emails, sin leer.
Hice simulacros internos. Sin experiencia real en cómo diseñarlos, fueron un desastre. Los trabajadores se lo tomaron a broma. «Esto es broma, ¿no, Carlos?»
Contraté un consultor externo. Vino, dio una charla muy bonita sobre la importancia de la seguridad, cobró su factura y se fue. A la semana siguiente, todo igual.
Cada intento fallido aumentaba mi frustración. Y mi ansiedad. Empecé a pensar que el problema era yo. Que no sabía comunicar. Que no tenía autoridad suficiente. Que los trabajadores simplemente «eran así» y no había nada que hacer.
Hasta que en un congreso del sector, un responsable de HSE de una multinacional alimentaria me dijo:
«El problema no eres tú. Las formaciones convencionales están diseñadas para cumplir un expediente, no para cambiar comportamientos.»
La conversación en el congreso
El tío llevaba 20 años en el puesto. Había visto de todo.
Le pregunté qué hacía él diferente.
Me habló de una empresa llamada Haladjian Industrial Solutions. Especialistas en gestión de vertidos industriales desde hacía más de 35 años.
«No dan formaciones normales», me dijo. «Hacen algo que nunca había visto: usan TUS propios kits, fotos de TU planta, y montan simulacros donde todo el mundo falla la primera vez. A propósito.»
Le miré sin entender.
«Así aprenden de verdad», continuó. «Cuando ves que has fallado en un entorno controlado, sin consecuencias, tu cerebro lo graba. La próxima vez —la de verdad— sabes exactamente qué hacer.»
Esa misma semana contacté con Haladjian.
La llamada con Haladjian
Cuando hablé con ellos, lo primero que me sorprendió es que no intentaron venderme nada.
Me hicieron preguntas. Qué productos químicos manejáis. Dónde están ubicados vuestros kits. Qué formación habéis dado hasta ahora. Cuándo fue la última vez que alguien abrió un kit para comprobar su estado.
Cuando les conté lo del kit medio vacío, no se sorprendieron.
«Es lo normal», me dijeron. «El 78% de las plantas que visitamos tienen el mismo problema. No es negligencia; es que nadie les ha enseñado a mantenerlos correctamente.»
Me explicaron cómo funcionaba su formación. Cuatro cosas la hacen diferente:
Trabajan con tus propios kits. No traen material de demostración genérico. Usan los kits que ya tienes en planta. Así descubren si están completos, bien ubicados, accesibles. Y tus trabajadores aprenden con el material que van a usar de verdad si hay una emergencia.
Usan fotos de tu planta. La parte teórica tiene imágenes de tus instalaciones, no fotos de stock de fábricas que no se parecen en nada a tu realidad. Cuando el formador dice «imagina que hay un vertido aquí», los trabajadores ven una foto de su propia zona de trabajo. La conexión es inmediata.
Los simulacros están diseñados para que falles. Esto fue lo que más me llamó la atención. El objetivo de la práctica es que cometas errores. Porque el error en un entorno controlado genera aprendizaje real. Cuando ves que has ido directo a absorber sin contener primero, y el formador te muestra cómo el «vertido» se ha expandido el doble, algo hace clic en tu cabeza. La próxima vez no lo olvidas.
Reglas simples en lugar de jerga técnica. «Contener primero, absorber después.» «El kit de emergencia no es un contenedor de basura.» «Evalúa la escena antes de actuar.» Frases que se quedan. Que los trabajadores repiten entre ellos. Que se convierten en parte de la cultura.
Entre 90 y 120 minutos
Sí, la formación dura solo 120 minutos. Yo también pensé que era poco tiempo.
Pero esos 120 minutos hicieron más que los últimos 5 años de formaciones del SPA.
Durante la formación:
El formador montó un simulacro. Vertido simulado de 20 litros en la zona de almacenamiento.
Mis operarios, los mismos que llevaban años firmando papeles de formación, se quedaron parados. El primero en reaccionar fue directo a por la sepiolita.
Error.
El formador lo paró. «¿Qué has hecho primero?»
«Absorber.»
«¿Y qué debías hacer primero?»
Silencio.
«Contener. Mira: mientras ibas a por la sepiolita, el vertido se ha extendido 2 metros hacia el desagüe. En una emergencia real, ahora tendrías un problema medioambiental.»
Vi cómo la cara de mi operario cambiaba. Había entendido.
24 horas después:
Me crucé con uno de los trabajadores en el pasillo. Sin que yo dijera nada, me comentó:
«Oye, Carlos, he revisado el kit de mi zona. Faltaban guantes y había un absorbente húmedo. Ya lo he apuntado para que lo repongamos.»
En 12 años, nunca me había pasado algo así.
Una semana después:
Hice una prueba. Me acerqué a tres operarios diferentes y les pregunté dónde estaba el kit más cercano y qué contenía.
Los tres supieron responder.
Uno de ellos incluso me corrigió: «El kit está ahí, pero ayer lo movimos porque estorbaba. Ahora está al lado del extintor, que es mejor ubicación.»
Un mes después:
Tuvimos un pequeño incidente. Un bidón de 25 litros de disolvente que se volcó por un mal apilamiento.
El operario que lo detectó no entró en pánico. Primero evaluó la escena. Luego contuvo con las barreras. Después absorbió. Y finalmente gestionó el residuo como le habían enseñado.
Cuando llegué a la zona, ya estaba todo controlado.
Me miró y me dijo: «Menos mal que hicimos esa formación, ¿eh?»
Esa noche dormí tranquilo por primera vez en meses.
Lo que dicen otros responsables de PRL
Empresas que ya han formado a sus equipos:
Trinity Energy Storage ·
UPS Healthcare ·
Eurecat ·
Y más de 100 plantas industriales en toda España.
Lo que incluye la formación
Elemento | Descripción |
Duración | 90 minutos presenciales en tu planta |
Parte teórica | Adaptada a tu planta con fotos de tus instalaciones |
Simulacros prácticos | 2 simulacros reales con feedback inmediato |
Material | Todo incluido (no consumimos tu stock) |
Diagnóstico | Revisión del estado de tus kits de emergencia |
Informe | Identificación de deficiencias en tu sistema |
Evaluación + Diploma | Opcional, para documentar el aprendizaje |
Formación especial | Instrucciones para Diphoterine®, Bodyneutral® y sistemas especiales como el Sistema de Contención de Aguas Contaminadas (SCAC) (obturador subterráneo) |
La inversión
La formación completa cuesta 1.000€ + IVA.
Sé lo que estás pensando. 1.000€ por 90 minutos parece mucho.
La sanción mínima por falta de formación (infracción grave) adecuada es 2451€. Un vertido mal gestionado puede costarte desde 49.180€. Una multa por no comunicar un incidente, entre 60.000€ y 75.000€. Daño medioambiental grave, hasta 2.000.000€. Remediación de suelos contaminados, sin límite. Y el Artículo 316 del Código Penal contempla hasta 3 años de prisión.
La formación cuesta menos que la sanción mínima. También cuesta menos que un solo día de parada de producción por un incidente mal gestionado.
Una última cosa
Mi colega de la planta química descubrió la importancia de la formación práctica con una sanción de 75.000€ y dos trabajadores con quemaduras.
Yo tuve la suerte de descubrirlo antes de que pasara nada.
Haladjian Industrial Solutions — Más de 35 años especializados en gestión de vertidos industriales
AVISO LEGAL: Los testimonios reflejan experiencias reales de clientes. Los datos sobre sanciones provienen de la LISOS (Ley de Infracciones y Sanciones en el Orden Social) desarrollada en el Real Decreto Legislativo 5/2000 y actualizada en 2021, así como la Ley 26/2007 de Responsabilidad Medioambiental. Las cifras pueden variar según la gravedad de la infracción y el criterio de la autoridad competente.



